Lucifer ante Diké
El análisis organizacional desde la psicología social, sobre las instituciones de impartición de justicia, es un campo poco explorado en México. Las leyes y las circunstancias han hecho de las instituciones moldes para adaptar a las personas a sistemas inhumanos donde son víctimas o autores de conductas degradantes.
En la impartición de justicia existe una construcción histórica, ideológica e institucional donde obedecer y humillar es justificado como un mérito para ascender, paradójicamente son denominados meritorios y es el inicio de la endogamia institucional. Esta mentalidad está equivocada. Lo que sí acredita, es una psicología disfuncional y la banalidad del mal. Hay excepciones humanas e institucionales.
Me he interesado en saber ¿Por qué la gente buena al ejercer una posición de mando o dirección se transforma en mala, necia o arrogante?. Escribí los ensayos El Síndrome de Plaza[1] en el 2012 y Patología del Poder, basado en las teorías del Efecto Lucifer de Philip Zimbardo, Obediencia a la autoridad de Stanley Milgram, Desconexión Moral de Albert Bandura y el estudio En el poder y la enfermedad de David Owen.
Leí a Hannah Arendt y, su magistral libro Eichmann en Jerusalen, estudio sobre la banalidad del mal; Odio a los indiferentes de Antonio Gramsci, Emociones destructivas de Daniel Goleman, Psicología de la Mentira de Paul Ekman, Por qué mentimos de Dan Ariely, El error de Descartes de António Damásio y, libros y documentales sobre los juicios de Nuremberg.



